Amanece, se escucha un silbido, titila en espacios huecos,

Atrapo lo estruendo y cautivante de su calma, en burbujas e hilos de viento que se pierden, en ecos de relojes viejos, que me aturden.

Descubro el Cáliz que resguarda mis tormentos, lo atesoro como parte de mi esencia, y me entrego al claustro de miserias que conformo.

Estoy rota, es claro,

Pero vivo.

Estoy loca, es cierto,

Pero quiero.

No me rindo, no me aplano,

Yo, bailo fuerte, como el despliegue de las plumas, de las alas, de los pájaros, que hoy cantan.

y agito el pañuelo, en ondas graves y estrechas,

Levanto la falda de pliegues barrocos, que ilustran bordados de ancestros y sueños

Estiro el cuello que me ahoga,

Me contagio de la risa eterna que me exigen, en el vértice circunscrito, de un ocho siervo.

Y resucito, deshojando al tiempo, rellenando inviernos, aclamando mundos que no dobleguen al hombre débil, que tiene hambre, de dignidad y pueblo.

No me dispares,

Mi cielo inmenso, está durmiendo.

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