Adiós…

El vacío errante se clava en los latidos de un eco,
se esfuma de un cuento en un barco sin olas,
en el amor que vive absurdo en la sombra de los otros,
que acarician los rezagos de su bruma, de su hechizo.

Y lo dulce de los pístilos se arrincona sobre tus labios mustios,
vibra con las notas en un sol sin brillo, en el dolor de un río,
Que no encontró el brío para anclarse en mi voz,
y abrigarse por la alforja de los sueños, que litigan sin tus miedos.

Absurdo tiempo que se teje y se perfila por detrás de mi ausencia,
de mi intrasigencia sin tregua, que te olvida.
Y no reconoce lo exquisito del deseo sin destino,
sobre tu boca llena de frémitos de agua, que precipita la indecencia sobre mi pecho,
Y se entierra por encima de tu aliento,
por debajo de tu angustia, y en medio de tu olor a nido.

Vencido el dolor por las hojas grises y cándidas,
Escaló suavemente el caer del regazo de la inocencia vulnerable y rota,
por tu enojo entero sin tu mundo lleno.

Y lo etéreo de tus ojos buenos,
entre un ahora de humo y viento,
se tatúa en el aire que asfixia el otoño del cariño loco que hoy profeso.

Así, en el infinito cero de mi espera culpable,
se clava el vacío y se teje al tiempo,
en tus labios mustios, en las hojas grises,
de tus ojos buenos…

Y te dice adiós.

(EMBC)

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