No entiendo

Versos plebeyos de tu recuerdo, revientan en palmas cuando te pienso,

Las palabras que me agobian, se desorientan, se enredan, vuelven a nacer en mi voz que es la tuya, y es por ti, y no entiendo.

Fluyen como lluvia de ráfagas de aire, y de un sol que congela todos mis espacios, cada vez más fuerte, cada vez más denso, cada vez más mío, cada vez más nuestro.

Parece, que es inevitable, Que mi angustia no cede, si no acomodo mis sílabas yuxtapuestas, si no las entono, si no las bailo, en mi canto apagado, en mi sueño inconcluso, en mi, en ti, y no entiendo.

En la luz, en la sombra, en el miedo, en invierno, estás tú…

En el miedo, en la sombra, en la luz,

En verano, estás tú…

Tú, que no pisas fuerte, que corres con tu pie izquierdo, tú…

Las hojas filudas y ténues, racimos de hierba mala que crece en macetas sin tierra, en fango.

Lo légamo que busca vida, olvidado por detrás de los aceites y orín de las cocheras, de las casas, de los barrios, de los sitios viejos.

Lo vivo en soledad, por debajo de ladrillos amansados por años de haber sin rumbo, entre hierbas y frutos bastardos, entre lo ausente, entre complejos, entre fracasos y entre tu olvido.

Las hojas filudas y ténues, lo verde que resiste resiliente…

Se deja acariciar por un viento frío, se deshace en aros de danzas sin tiempo, y quiere ser flor, y quiere ser sol, y quiere ser tú…

No entiendo.

—-

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