Rota y sin Dios…

Mi corazón frágil como un capullo sin gloria, sin Dios,
lo has roto.

Los precipicios, las sábanas sin sol,
el aliento fresco sin aire ni esencia electrifica los agujeros que dejaron los lamentos sin paz en una oda sin principio,
en el dolor que no cedió,
en lo violeta del viento,
en lo terrorífico de una sonrisa que se evaporó en medio del fango disfrazado de un atardecer solitario que se disuelve;
bailan los ermitaños,
yo canto.

Y no existes, y no apareces,
y tu recuerdo se esfuma…
sílaba tras sílaba con horror a soledad sin prisa,
a mármol olvidado en una bóveda que abriga:
el universo y el sol,
el amor entre tus piernas,
en tus labios, en tu frente,
por detrás de tu oreja derecha,
en cada poro que transpira tu desconsuelo y
que se inmola en tu risa suave como el otoño,
como el olor a mar,
como el Dolor húmedo.

Y yo, soy un huracán sin radio y centro,
Una marea que no cede,
que no encuentra orilla,
que no olvida,
tu mente de fresca hierba , de lago y ríos,
que no me recuerda.

No me lastimas,
no vales un silencio,
en redonda, ni en tiempo.

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