Mi yo

Cuando la brisa me despertaba, y el olor a mar me conmovía, mi yo, frágil, desde que recuerdo, quiso ensuciar sus nudillos, jugar liga, a los yaxes, correr en carnavales y andar despeinada; mi yo, sin cicatrices, buscaba ser libre.

Mi yo, no quería, no permitiría, no escoger su libreto, y erré…

Me forzaron a contestar el teléfono en un tono suave, como un rocío sin prisa, a no andar descalza, a no andar en la calle, a no sentarme en el piso, a no bañar mis muñecas, a no pintarlas, a no estropearlas, a guardarlas.

Me repitieron que los sueños son sueños, y que tenga cuidado, que no lo intente, que después duele…

Me dijeron que no hablara fuerte, que no luchara, no contestara. Me escogieron las amistades, me limitaron el mundo; me sentí sola.

Me regalaron mil libros, mi yo era libre. Mi mente luchaba, mi cuerpo jugaba, mis sueños encendieron mi pesadumbre.

De pronto, cuando el amor se iniciaba, los que gobernaban, opinaron quien no y quien sí, me presentaron las formas de comportarme, a renunciar a mi ímpetu. Sufrí.

Aprendí los requisitos, complací sus deseos, también los míos, de complacerlos.

La versión gold que añoraron, me abandonó. Sufrí.

Volvieron, me dijeron lo que está bien y lo que no; sufrí.

Y ahora tú, al que mostré mi alma limpia, mi cuerpo noble, y mi risa franca. Y ahora tú, que sufres en soledad y que temes a la vida. Y ahora tú que imaginé como errante trovador; tú, te atreves a decirme que querer sin restricciones no es sano, que escribir y manifestar tus deseos molesta, como un ruido enfermo que no deseas; que me tranquilice, que espere, que me adapte, a tu espacio, a tu tiempo.

Me sugieres con tu falsa sonrisa, de una boca de falsas palabras; que mi risa, mi llanto, mis besos, mi alma, debe andar en pausa, sin instintos, sin amor desaforado.

Me pides que sea ordinaria y princesa,

Y yo no me encuentro, y me pregunto, dónde quedo yo? Y mis deseos de amor, de vida, de libertad.

Porque sin amor, sin locura, sin romper esquemas, no hay nada, porque sin hablar, sin creer, sin luchar, no hay calma.

Entonces, los que gobernaron en los tiempos de mar; me obsequiaron un espejo, me peinaron, me vistieron, escondieron los escotes, observaron los tacones muy altos, los bajos, me enseñaron que los brillos en la cabeza no se acostumbran a mis 34, y que debo ser dama y señora.

Me obsequiaron un espejo, y yo me veo, y no me encuentro, y me busco y no estoy; disocié materia de esencia, y observo en aquel reflejo,una dama y señora; que sucumbió, viste de luto, y perdió el rumbo, el suyo.

Entonces, si tú trovador errante, le temes a la luz que quema, y te tranquilizas en espacios sin brillo; si tú errante trovador me quieres lejos, entonces te dejo.

Pero te reto a olvidarme, a vivir sin mi, sin mi rostro impregnado en tus ojos, sin mi poesía; a levantarte sin desearme, a recostarte sin buscarme en un mensaje que ya no llega, en una llamada que no hice, y en una súplica que no nace.

Te reto, por que sé que sufrirás aún más que yo, y te condeno a mi ausencia, a líneas vacías en las que ya no estás, a una vida fría, porque no hay fuego que llene tu cuerpo sin luz,más y mejor, que el calor mío.

Pero yo, no dejaré que dirijan la función de mis días, ni tú, ni los que gobernaron; y volveré con otra sonrisa que no sea falsa, con otra boca sin palabras falsas, con mi risa, mi llanto, mis besos, y mi alma sin andar en pausa, llevaré de bisutería mis instintos, mi impetú, y yo no seré …jamás…ordinaria.

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