La magia de un nuevo inicio..

A veces, los finales son tristes, o quizá todos son tristes, y no debería ser así; los seres humanos hemos evolucionado, nos hemos posicionado en este mundo, nos hemos hecho humanos, y reconocer nuestra humanidad y nuestras emociones, no debería estar mal.

Al final, qué es lo que nos queda?, Nuestro ímpetu, nuestros sueños, nuestras ganas de combatir contra todo y todos, en busca de paz, de felicidad, de amor; y si no luchamos, no buscamos eso, estamos vacíos. Sólo somos un punto en el universo, y yo sospecho, que soy un punto en el universo que no quiere pasar desapercibido.

Quiero vivir sin límites, no doblegarme, batallar, luchar, triunfar, encontrar la paz, deshacerla, y volverla a construir. No quiero rendirme, que no se atrevan a juzgarme, que no me calmen, no me apaciguen; prefiero ser fiera, indomable, prefiero creer en los imposibles, no evaporarme… ni perderme… complaciendo a quienes no tienen o no han tenido el valor, la fuerza vital, de mirarme, de valorarne… de caminar conmigo.

En medicina, entre tanto, aprendí que lo que nos diferencia de los animales, es nuestra corteza pre frontal, un área del cerebro, que aparte del lenguaje, y la memoria, nos ubica en el contexto y determina nuestras decisiones. Y sí, somos humanos, pero también animales, estamos llenos de instintos, de bajas pasiones, es lo que somos, y no podemos negarlo, los modulamos; y el instinto, el que si perdemos nos lleva a un abismo sin fondo, es el instinto de supervivencia, y es el que siempre nos permite volver a empezar.

Confieso que una de las frases que más me gustan, no la encontré en un libro, ni en una conferencia, la encontré al final de una película simple, diseñada para un público femenino e infantil (quizá para mí) “Grandes Amigas”, y la frase es: “Cada historia tiene un final, pero en la vida cada final es un nuevo comienzo”. Y es cierto, la más hermosa posibilidad que tenemos, lo único que realmente tenemos, es la vida, por tanto vivir, vivir plenamente es el mayor honor que podemos tener, así que siempre buscaremos nuevos comienzos, siempre saldremos adelante, y si tenemos paciencia y una calma prudente, volveremos a levantar la cabeza, volveremos a sonreír, y nuestra risa, estrépitosa, volverá a ser frecuente, y refrescará y calmará a quienes la necesitan.

Herman Hesse, en un libro que se puede leer en menos de un día, menciona: “Cuídate de tu inteligencia”… Y pues sí, para sobrevivir, de quien más debemos de cuidarnos, es de nuestros pensamientos, de divagar en horizontes impensados, de pensar mucho; porque se vuelve un tormento y no nos permite avanzar; es así como sobrevivir es un instinto, y debe estar prudentemente alejado de nuestras lucubraciones.

Además, por todo esto, estoy plenamente convencida, que los finales no deberían ser tristes, en la medida que es posible, deberían ser dignos, llenos de sinceridad, de calma, de hidalguía, de buenos deseos, y de adioses serenos; es así como le damos la importancia real a las cosas, y así digamos adiós, estamos aclarando con hechos y no falacias, que esa etapa de tu vida fue trascendente, fue importante; al no hacerlo, dejamos a todos esos momentos huérfanos de honor, y los convertimos en dolor, en angustia, en miedo.

Los seres humanos hemos evolucionado, y aunque suene cruel, no todos lo hemos hecho por igual, y no es un pensamiento sectario, ni clasista, es nuestra realidad, de pobladores carentes de nutrición, de educación, llenos de frustraciones y traumas, que los engloba en una realidad paradójica, en la que por ejemplo creen en la pena de muerte, y a pesar de tantas guerras y sangre derramada defendiéndolos, no creen en los derechos humanos, en una realidad dónde se violenta a la mujer, al pobre, al inválido, al débil, al que no tiene como ni quien lo defienda, donde encuentran placer en el abuso, en el dinero, en lo material, en lo que no tiene valor. Y no los culpo, ni los juzgo, no todos hemos nacido o crecido con las mismas posibilidades; y es obligación de quienes ven la vida o intentan ver la vida con ojo crítico, protegerlos, luchar por sus derechos, educarlos, alimentarles, darles las condiciones necesarias para que no estén siempre ahogándose en instintos recalcitrantes. Y menciono esto, porque considero que al menos aquellos que podemos llenarnos de mansedumbre, definida como escuché en una charla: “delicadeza del amor, la que inclina a hacer el bien en el respeto exquisito al otro; es la apacibilidad, genera paz, siendo paz”; podemos otorgarle a quienes queremos o hemos querido, finales dignos; porque en nuestra ínfima existencia, debemos buscar siempre el bien del otro, y si no lo buscamos, no existimos.

Pero aún así, cuando no nos obsequiaron un final a la altura del cariño que han recibido; debemos cerrar el ciclo, terminar la historia, y volver a empezar…

Los nuevos comienzos nos pueden dar temor, pero son mágicos, están llenos de incertidumbre, de fantasías, de esperanza; y es nuestra obligación, sonreír, caminar en línea recta y volver a empezar. Porque la felicidad es una búsqueda que no debe tener piedad, porque después de esta vida no hay otra, y mientras haya vida, volveremos a empezar, volveremos a reír, volveremos a encontrar en los nuevos comienzos: magia.

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