Indigno

Levantarte del fango, no es fácil…

Mi piel tiembla, titilea, se adormece

Mi llanto se ahoga en un surco que no lo deja fluír a su suerte;

La risa, el rostro Candido y dulce de mi niña, lo detiene…

Presa, aquí, en una cárcel que construí a pulso,

en la que clausuré ventanas y puertas quincena tras quincena,

En la que mi cobardía,

no logró rebelarse ante los que reinaron y reinan,

Presa…

Al lado de la luz que juega entre mis pupilas,

que me mantiene en vida,

que me mantiene aquí…

Entre muñecas diminutas y lápices de colores.

la soledad es dura,

me duele.

El timbre ya no suena,

no esperas,

no vislumbras la esperanza de un abrazo o una palabra cálida,

un consuelo en lo agotador que resulta ser madre.

La soledad…Lastima

Y en estos versos confieso,
que mi alma trémula y dolorosa! Repleta siempre de amor desaforado nunca encontró paz.

Confieso,

busqué consuelo en un amor sin amor,

que veo irse,

que se despide,

deshojando mis últimos bríos,

mis últimos sueños,

mis últimos versos…

Confieso que te vas,

en un adiós en paz,

en un adiós en calma,

en un adiós sin retorno,

En uno sincero,

En el que me dices: no te quiero,

que mi amor traspasó fronteras, construyó castillos y

dibujó,

un jardín de azucenas sin tu ayuda.

Entonces, me voy,

con mi amor,

y no vuelvo,

recojo los destrozos que huyeron a otros pisos de otros edificios,
los recojo, los arrullo, los consuelo, los reparo,

los envuelvo en un alforja mágica y los coloco justo en el centro del universo que los estalló,

Y yo, con mis recuerdos, mi niña bella y mi amor desaforado,

levanto la cabeza, presumo mi encanto,

arrojo el llanto que no mereces a otro puerto,

y sonrío.

Y no te espero, y no me quedo,

Porque es indigno quedarnos donde no nos quieren,

porque no esperamos un arcoiris donde no vemos el sol.

Es la Vida una Utopía?

La cultura occidental, nos ha impuesto hasta lo que está permitido desear y buscar, nos creemos distintos al resto, pero no andamos más que en manadas o solitarios siempre en busca de una manada o de una persona que nos entienda; nuestra fragilidad trasciende al sentirnos vulnerables cuando estamos solos.

La soledad, podría ser una rebeldía? O es sólo fruto de la frustración, miedos y desencantos que no nos permiten adecuarnos, encuadernar nos, alinearnos a los deseos de los otros, que no son los nuestros.

Buscamos felicidad, amor, justicia, empatía, honestidad, lealtad; pero existen?? Pues no, somos humanos, nacimos imperfectos; son valores tan sublimes, pero tácitos… Impalpables, cuestionables; difícil que dos personas puedan ver el mismo color en el sol, así usen el mismo caledoscopio.

Y los rebeldes, buscan vida, alcohol, adrenalina, toxicidad, pero no son singulares, son parte de otra manada, de otra plebe.

Lo que añoramos no está, ni estará, vivimos en búsqueda de una utopía, y es esa búsqueda inalcanzable la que nos frustra, nos degolla, nos condena, y creemos que eso es vida.

Valdría más no buscar, y aceptar? Pues no, eso tampoco es vida.

Un recuerdo (2012)

Hoy, perdida en el limbo que habita la intrascendencia y la errancia,te recuerdo y te devuelvo, a tu estribo, a tu trono.

Te imagino caminando con esa camisa negra que compraste en un mercado ignorado antes de verme en aquel primer encuentro, de los muchos, de los infinitos que aún recuerdo, con tus ojos, ojos que no miran, y esa barba que a veces inunda tu rostro que detuvo el tiempo a base de alcohol y otros vicios.

Te imagino con un morral colgado a tu espalda maciza, con tus pasos cansados, llevando en un estuche, tus sueños y el sueño de una guitarra..

Recuerdo a the Smiths, y a tí, sentado, mirándome, desnudándome, mostrándome; y a mí aplaudiéndote entre tantos, compitiendo con flores de otros tiempos. Al marido de una peluquera acompañándonos en todas las camas que colonizamos a base de gritos y directrices de fuerzas que cohesionaron sin fecundarnos.

Conmemoro los mails pulcros sin ausencias ni faltas, llenos de fuerza que llegaron a diario y que yo esperaba hasta desesperar; las canciones, las noches, las noches, las noches.

La colección de monedas que te obsequié en la calle capón, y aquella foto que simboliza la cumbre de un momento en un cerro de un tal Cristóbal.

Las matrioshkas, el anillo, el anillo que te devolví envuelta en rabia; los paseos en la Alameda, los refugios y las noches, las noches, las noches.

La envidia de mis enemigas, y el coqueteo de la novia el día de su matrimonio, ante tu rostro bello y pleno, que no muestra sus turbios demonios.

El viaje a Huacho, y el secreto a voces que inició nuestro cuento.

Y con el sueño de una guitarra, huímos a construir una historia, y colocamos la frase en un árbol plástico, árbol que cayó, que cedió.

Dijimos Adiós es crecer, y prometimos fuego, luces, desenfreno, en todas las otras vidas que nos queden, no en esta.

Perdón.

( El marido de la Peluquera: Pedro Guerra)

No perdones…

Piel canela que galopas,
trotando entre mares ahogados,

que deslizas tus memorias,

Que desciendes,

de tus vellos, bellos, que despiertan,

desciendes.

Piel callada,

férrea, descompuesta,

infestada de adioses sin retorno,

en un diciembre agónico,

en veranos de otoño, sin sol.

Piel trémula,

Plebeya, Cortesana anónima,

que sintetizas el sol,

dentro de una ventana sin viento, donde nadie se asoma,

Piel , sin manos, sin salidas,
De oasis, de montes, en una epidermis que perdona.

Piel de humo sin fuego,

te humillaron en una cruz sin honor,

que tu grito invada los silencios que no existieron,

Y las púas incrustadas en talones sin Estigia,
No perdones.

Removieron fibras que sobrevivieron,

en el lado más oscuro del lamento de tu llanto,

Resucitaron el fantasma nómade,

que escaló 7 años de angustia sin rendirse,

No perdones,

ni el recuerdo,

ni la sombra,

ni la idea que existió,

Imprimieron dolor en hojas de dolor,

No perdones.

Después …

Después de mi torbellino, mi desenfreno, la sal de las làgrimas que emularon sangre desde estos ojos que no quieren mirar su soledad.

Después del plato sin lavar, la escoba rota, lo plomo de las cortinas, lo sombrío de los recuerdos, que palidecen y empiezo a ignorar.

Después de este canto agotado, sin lira ni violín, que lloró en silencio y gritó su cansancio, su desconsuelo.

Después del final, del último lazo que coloqué en el árbol que dibujé en las ventanas sin luz, en la última de mis sombrías noches sin paz.

Después.. de tanto y tan poco, que no fue nada…

Los fantasmas de vientos que no dan aire, me arrinconan en el taciturno rincón que encierra el laberinto de un ratón por debajo de una mesa apolillada. Las paredes se irritan, y galopan por lugares ausentes de cables y cemento, me aprisionan, me ofenden.

Mi rumbo es incierto, me ahogo en aliento de desespero, en miedos, en rencores; el ruido que nadie oye me doblega.

Después de tí…